Mostrando entradas con la etiqueta naufragios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta naufragios. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de marzo de 2016

Viento nocturno


(Edward Hopper, “Evening Wind”)

When anyone escapes, my heart
leaps up. Even when it’s I who am escaped from,
I am half on the side of the leaver.
Sharon Olds*
Presiento que llego tarde al caer.
La noche terminó, y con ella, te fuiste,
pero mi ventana sigue abierta y hace frío.

No soy la muchacha de las manos mojadas—
soy la mujer que se desborda y late,

la mujer a la que le duelen las manos
de no poder acariciar.

Espero entonces a que se haga de día
con la ventana abierta.

*Cuando alguien escapa, mi corazón/ da un brinco. Incluso si es de mí de quien escapan,/ estoy en parte del lado del que se va. (Sharon Olds, Stag's Leap. Traducción de Emily Roberts).

sábado, 29 de noviembre de 2014

En Reino Unido a la gente no le gusta compartir los asientos del tren, y otras historias.





Nos miran y piensan que somos diferentes. Nos miran porque saben que ya estamos aquí. Ya estamos aquí, ¿qué pueden hacernos? Ya estamos aquí, ¿cómo vamos a volver? A la mitad del camino me olvidé de las palabras. Nos recogieron con otras, conquistamos su hogar. Y después volvimos a casa, y no pudimos entendernos.

Ya no serás un animal de la sabana africana. Ya no serás ese animal que vino de lejos para no quedarse, que aprendió a sobrevivir al clima. Ya no podrás culparme de la muerte de la luz.

sábado, 26 de julio de 2014

Diario de verano.


El Camino de Santiago huele. A campo y a Campo. A sudor y a los cerdos llorando en ese matadero que nos encontró en medio de la nada. A albergue. A tarta y a los ungüentos de la madre de Ana. Al hospital de Santiago donde una practicante inyecta un calmante sin receta. El olor del botafumeiro durante la misa. En Santiago compro una postal de las Dos Marías, porque pienso que ser famosa en provincias tiene que ser algo así: algo escandaloso e inapropiado y alegre. En el hostal, maleteo en busca de mis pertenencias más civilizadas, mientras un americano duerme inmutable en su cama mientras el resto del hostal festeja algo, ¿haber llegado? No tener que caminar más, o caminar, ahora sí, voluntariamente: en el dolor de los músculos y las extremidades. Duermo, aunque bajo el hostal de Santiago huele a fiesta y huele a bar y a despreocupación, y duermo como si no hubiera dormido en cien años.

El olor del mar al fin en Coruña. La bella saudade coruñesa y los rascacielos marítimos bajo el chaparrón, como si en realidad tuvieran sus raíces en el fondo del mar. Desde allí corrimos hasta la rosa de los vientos, nos paramos en su centro y dejamos que ella decidiese por nosotras el próximo destino. El viento nos cierra los ojos.

martes, 22 de julio de 2014

Recomendaciones antes del (o para el) fin del verano.


No suelo hacer esta clase de listas, pero este verano he recibido muchas peticiones de recomendaciones y he decidido poner aquí lo que más me ha gustado leer en estos últimos meses (y años).

Mis favoritos de siempre

Susana y los viejos de Marta Sanz: Una de las novelas de la autora que más he disfrutado, por divertida, por variada e irreverente. Un futuro clásico de la literatura española que leí en Edimburgo, añorando mi lengua materna, y a la que volví de cabeza gracias a él.


Cuentos Completos de Lydia Davis: Lydia Davis sorprende por la maestría de su lenguaje, por lo doloroso de su anécdota, por la brevedad de su espada. Seria, inteligente, a caballo entre el ensayo, el relato y el poema: una maestra. También disfruté muchísimo su novela The End of the Story, que pronto se traducirá en España, por suerte. Una autora que cuestiona por qué contamos lo que contamos, y, sobre todo, cómo lo contamos.


Cuentos Completos de Amy Hempel: Quizás este sea el libro que más ha cambiado mi forma de pensar respecto a la escritura y a la vida. Siempre que siento que algo me falta, releo algún cuento. Amy Hempel es la maestra de la falta. Mi libro de cabecera, el que recomendaría mil veces, sobre el que escribí mi tesina de grado por pura devoción y con la esperanza de darla a conocer a alguien más. Una reflexión en torno al dolor y en torno a la vida y a los huecos que a la luz no se ven.

Al faro de Virginia Woolf: Por este libro estudié Filología Inglesa. Por este libro he perseguido faros de ciudad en ciudad, de país en país. Tres años después leí Las Olas (mi segundo favorito), pero, aunque indudablemente más sorprendente en la técnica, no pudo conmoverme tanto como los desencuentros de la familia Ramsay en esa pequeñísima isla de Skye (en la foto). No os perdáis ninguna de las dos.

La pasión según G.H. de Clarice Lispector: Mi libro favorito de Lispector, con un argumento tan básico y clave como la vida misma: la de tomar una decisión crucial, asustados y paralizados, hasta darnos cuenta de que decidir algo o no es más banal que la mera visión del monstruo. Una prosa maravillosa.

La hermana de Katia de Andrés Barba: Así fue como descubrí a Andrés Barba, con este libro valiente, insólito, bello. Acababa de volver de Holanda y vi que una directora holandés había hecho una película cambiando Madrid por Ámsterdam, y que encajaba a la perfección. Ambas ciudades me habían robado el corazón, como el libro de Barba.

El ruido y la furia de William Faulkner: Probablemente, mi libro favorito de toda la carrera. Porque fue el más difícil. Porque fue el que más me costó entender, pero el que más amé después de haberlo trabajado tanto. Hoy se ha convertido en uno de mis libros favoritos.

Novedades 2013/4

Amour Fou de Marta Sanz: un libro diferente, tenaz y valiente de una de mis autoras contemporáneas favoritas. Me sorprendió por su delgadez y por la diferencia entre las voces, que al final alcanzan un punto de encuentro: la locura, el amor, la locura por amor y cómo el mundo a nuestro alrededor nos influye inevitablemente. Lo recomiendo muchísimo.

Alambres de Lola Nieto: diferente, herido; se mete entre las uñas como una aguja invisible hasta clavarse en la piel: esa sería la mejor manera de describir este poemario de Lola Nieto. Saber que te duele. No dónde.

Mis padres: Romeo y Julieta de Pablo Fidalgo: un viaje por Galicia y por los mapas de los corazones de España y de los niños que buscan un árbol genealógico en la historia para explicar los por qués de sus acciones. Muy bello.

La trabajadora de Elvira Navarro: una novela tan necesaria como refrescante y sorprendente en el momento en que vivimos. La primera parte es crucial para entender a la segunda, pero la segunda es delicada, introvertida hasta tal punto que golpea al lector aún más fuerte que la primera. Ha habido muchísimas reseñas sobre ella, pero lo mejor es tener la experiencia de leerlo por primera vez uno mismo... y después volver a empezar.


Ensayos

Cualquiera de estos cuatro ensayos (o los cuatro) me han ayudado en la escritura y los recomendaría a cualquier aspirante a escritor o amante de la buena prosa y una reflexión limpia, atrevida y delicada. Los cuatro giran en torno al tema de la creación y su necesidad (o no), y, en mi opinión, los cuatro forman parte indispensable de cualquier biblioteca.

La baba de caracol de Chantal Maillard

Caminar en un mundo de espejos de Andrés Barba

No tan incendiario de Marta Sanz

Ahora, escribo de Lolita Bosch

Libros que tengo ganas de leer

India de Chantal Maillard.

Bark de Lorrie Moore.

Can't and Won't de Lydia Davis.

I Am China de Xiaolu Guo: en agosto voy a verla a la Feria del Libro de Edimburgo. Hace unas semanas escuché por primera vez su voz en una entrevista de la revista Granta y me encantó cómo ponderaba las respuestas y contestaba cauta pero certera, aún con un fuerte acento chino en su voz.

La débil mental de Ariana Harwicz: Matate, amor me impactó muchísimo el año pasado. Después de haber estado más cerca que nunca del campo este año, me interesa la desgarradora visión de esta autora.

lunes, 23 de junio de 2014

Recital en la Biblioteca Pública de Ávila


Salón de actos de la Biblioteca Pública
Plaza de la Catedral 3, Ávila
Viernes 27 de junio a las 19:00 horas

Vuelvo a donde tantas horas pasé durante mi infancia. Leeré poemas de Animal de huida y de la preciosa antología Réquiem por Lolita (Fundación Málaga, 2014) y cuentos y poemas inéditos. 
Allí os espero.

domingo, 8 de junio de 2014

Granada.


Avión Málaga-Edimburgo. Abandonar un cielo limpio y derretido. Abandonar el fin del mar, el fin de un país. Encontrar en el lugar un viaje; hacer del viaje un lugar. Elegir un mapa y colorearlo ¿al azar? Desconfiar de las señas, o perderse en ellas. Ahora soy sincera cuando miento, dice Lola Nieto en alambresVolver morena en un avión lleno de guiris quemados y alejarse del mar para ir hacia la isla. Sobrevolar Castilla y reconocer sus campos secos  tan temblorosos. Sobrevolar un país entero y volver con la piel tostada y un deje andaluz en tu acento. Sobrevuelo una ciudad con muchas luces e imagino que es Madrid y que ya no reconoceré a una entre esas miles de lucecitas que veo por la ventanilla. Y después, al norte, ya no se ve el mar entre las nubes. Cuando estoy en otro sitio, se me olvida adónde tengo que volver. O quizás, que tengo que volver. El viaje se me presenta siempre como un fin en sí mismo, sin principio ni final. Como si volver consistiese en recobrar el sentido común. Aterrizar frente a otro mar, libro y medio después, con los pasajeros a mi lado dormitando. Tocar las aguas. Tocar el pequeño mundo que alcanzo.

lunes, 5 de mayo de 2014

Donde empezamos, llovió.


¿Qué temblor te da más miedo?
El temblor de las manos.
¿Por qué te da miedo?
Porque es el que está más cerca.
¿Cómo te da miedo?
Así. Mira. Así.
¿Cuándo está más cerca?
Ahora.
¿Dónde?
Aquí: Mira cómo tiemblan.

lunes, 14 de abril de 2014

Dos maneras de enfrentar la pérdida: Anna Kavan y Elena Ferrante.


(The Drover's Wife, Russell Drysdale, 1945)

Mis dos descubrimientos de los últimos seis meses son Anna Kavan y Elena Ferrante.

Elena Ferrante ha sido traducida recientemente y publicada en español, pero empecé a estudiar italiano por ella y para poder leer La Frantumaglia, un carta de la autora muy corta e interesante que actualmente sólo está disponible en italiano; su único testimonio no literario. Porque Ferrante es tremendamente personal, que no autobiográfica. Sus Crónicas del desamor me repelieron y me fascinaron a partes iguales, me engancharon como una adicción enfermiza e hicieron que me quisiera quedar para siempre escondida en ese universo de contradicciones y dolores cuya lengua me atraía como un canto. Siempre la pérdida, y siempre el regreso a una infancia napolitana, a un sitio que aún no conocía el desamor, pero lo adivinaba.

Ana Kavan suena a rusa, pero es británica. Quizás suena a rusa porque tanto ella como sus historias parecen una matrioska, donde cada secreto desvelado es más pequeño pero mas impresionante. Su nombre se lo puso ella misma y viene de uno de sus propios personajes de ficción. En Ice seguimos a un narrador perdido en un mundo post-apocalíptico. Irreconocible pero familiar. En un mundo helado pero con un fuego ardiendo en su interior que le empuja a seguir adelante, a reclamar el daño (refugiándose en el de otro).

Ambas tienen en común el retrato de espacios góticos, donde el extrañamiento de lo familiar es la principal causa de terror. De lo que estaba, pero ya no está, o peor aún: cambia. Este terror es, a su vez, síntoma de una sociedad que no acoge, que asfixia, que destierra al mínimo fallo de una tuerca en su mecanismo. Es ese extrañamiento lo que les permite observar cómo se desencajan las distintas bisagras que conforman ¿su? personalidad y descubrimos que realmente muchas veces somos aquello que los demás quieren, y lo tétrico que resulta que lose afectos se conviertan en el mayor medio de control. Una vez solas, la realidad se convierte en ese territorio árido y sin explorar, donde ser recién llegados es una amenaza y perder al ser amado significa perderse a uno mismo.

Ambas escriben sobre aquel lugar que no empieza, sobre ese paisaje que destierra, sobre esa visita que nos obliga a marcharnos. Aventurar el paso. Ser víctima y ser verdugo. Nublarse la vista. Perseguirnos sin saber por qué no queremos irnos de aquí.

lunes, 31 de marzo de 2014

Cuaderno de viaje: irse lejos para estar cerca.


Nada sabía yo de aquel lugar. Un río infinito. Un pasado hondo y desposeído. Unos sueños que aún no han perdido la batalla. Todo lo que tenía era tu voz. Mi vida al borde del abismo y unas calles llenas de gente. Y el polvo, ¿ves cómo el polvo lo cubre todo? Los edificios, los cuerpos, el miedo.

1. Cartas a casa: en otro lugar.

Hace unas semanas recité por primera vez en inglés. Estaba nerviosa, claro. A la presión añadida del acto escénico se le añadía la de usar una lengua que no es mi idioma materno. Pensaba entonces en mi acento. En la historia que había escrito, y en lo difícil que me resultó traducirla al español, aun cuando siento que bajo mi uso de la lengua inglesa late el español.

Cuando estoy aquí, la idea del allí se hace más fuerte: siento la imperiosa necesidad de decir que soy de allí. Pero cuando estoy allí, tengo que decir que estoy aquí, porque siento que eso cambia algo, que dice algo de mí. Y de lo que veo, o precisamente no veo, aquí y allí.

Los lugares pueden tomar la forma de ideas. De historias. Los lugares no pasan desapercibidos: somos tiempo y memoria, pero sobre todo somos espacio. Ya sea una foto en una postal (imaginada o no), un lugar de paso en el que observamos o el lugar en que nacimos, todos son clave a la hora de contar una historia, pues lo que sucede aquí no podría haber sucedido allí. No del mismo modo. La distancia hace cambiar la mirada.

No es lo mismo tampoco escribir aquí que allí. No es lo mismo escribir de un lugar de allí que de otro allí. No es lo mismo la distancia, la recepción, los ojos nuevos con los que mis compañeros leen esas historias del extranjero donde ellos son "exóticos". Quién lo habría imaginado. Sin embargo, estas diferencias traen también la universalidad. Los puntos de encuentro. Y las formas de leer, tan idiosincrásicas como las historias trae cada uno en su equipaje.

2. Algo prestado: en otra lengua.

Escribir en otra lengua se parece en ocasiones a llevar puesto algo prestado. En todo momento eres consciente de que estás usando algo que no es tuyo, que a veces te queda grande y a veces pequeño, que lo has intercambiado por otro y existe el riesgo de perder lo que es tuyo, de no volver a tener nada tuyo de verdad, porque vives en tierra de nadie. También, al mismo tiempo, te sientes mucho más rica, porque conoces al menos dos formas de decir lo mismo. Por otro lado, esto te hace darte cuenta de que el lenguaje es meramente representativo y de lo unidos que van lenguaje y forma de vida de la mano.

El inglés es algo prestado, un juguete brillante y ajeno cuyo funcionamiento descubro a traspiés y va mucho más allá de las clases de gramática o incluso de de desarrollar un argumento científico en ese idioma.

Hace poco estuve en una conferencia sobre escritoras inmigrantes en Escocia en la que la sudanesa Leila Aboulela dijo "Un escritor va hacia donde están las palabras nuevas". Y de cómo la escritura puede ser una raíz que te ancla y te acompaña a cada sitio que vayas, por ajeno que sea. Y también hay cosas que una vez que dices en otro idioma dejan de pertenecerte del todo, si es que alguna vez lo hicieron.

jueves, 6 de marzo de 2014

Portobello.


(Foto de Irene S.)

Aquí persigo las horas blancas. La juventud. La higiene en los pulmones.
No sabíamos cuál era el plan, ni si podríamos volver. Quise llegar al fin del mundo y me encontré unas manos cerradas. Miré mis palmas:
Las paredes mojadas, las esquinas del mar, la claridad del barro, la herida seca.
No sé cómo traducir.

sábado, 28 de diciembre de 2013

¿Qué es ganar?


El cuerpo siempre tiene al menos una herida.
(Pia Tapdruf)
No aposté al caballo ganador. ¿Tú sí?

No aposté al caballo ganador. ¿Acaso importa?

Aposté al caballo más bello. Al que murió antes de rendirse. Al que perdió antes de aprender
a salir de este jardín.

Ahora la nieve se hiela. Tan imbécil. Resbalaste antes de saber cómo morir.


(Ya podéis encontrar Animal de huida aquí.)

domingo, 8 de diciembre de 2013

No te quites los zapatos.


You don't remember me at all, do you?
(Anne Carson)

No te veré morir.
(Idea Villariño)

Ya es de noche.

(Próximamente.)

jueves, 13 de diciembre de 2012

Sauces, o la vida es un país que viaja.


Cómo él pescó un lucio con una carnada
cómo ella mató el pez con una piedra
cómo lo escamaron juntos hasta encontrarle el corazón
cómo se estremecía y se estremecía la carne enrojecida
entre los dedos de ella brillando de escamas
y cómo todo cupo en el puño ancho y grande de él.

Tuija Nieminen Kristofersson, de Mujeres en el Norte (Devenir, 2011).


martes, 18 de septiembre de 2012

Raúl Vacas: El peso del amor.


Porque jamás voy a quererte
como lo hice un día
cuando el amor era la única certeza.


La muerte como única certeza.

Y cuando digo amor, quiero decir muerte. La muerte del amor o su principio, donde también muere algo. Donde siempre muere algo para que nazca ese amor, enfermizo y desmedido como fumar un cigarrillo detrás de otro. O cualquier otra excusa: La noche es una excusa / como cualquier otra. De eso trata la excusa o la señal. La señal: la marca en el músculo; el ruego. Dime que el amor es sólo un músculo. El amor es sólo una excusa para sentirse solo. El amor nos hace bárbaros. El amor corrompe. La soledad del bárbaro es, tal vez, / la más secreta de las soledades. Porque Detrás de tu mentira / está tu rostro y, ¿no somos lo que amamos? ¿No somos lo que decimos? ¿Decimos lo que amamos? ¿Alguna vez decimos cómo vamos a movernos?

No morirás, tampoco soñarás
tu muerte. Caminarás por la nieve
que sobró de octubre. Te marcharás
con el propósito de amar intacto,

lejos de mí

La muerte está dentro de uno, concluye.

Gracias, Raúl, por seguir creyendo en los naufragios.

(Todas las citas en cursiva, excepto la segunda, pertenecen a Señal, de Raúl Vacas, editado en Mundanalrüido, 2010, con ilustraciones de Sara Morante. 
La segunda cita pertenece a Confieso que he fumado, Ediciones De Vacas y Castaño, 2007. 
Y el "Poema para ser leído en un espejo" de la fotografía pertenece a El calor de los labios a solas, Ediciones De Vacas y Castaño, 2009.)

lunes, 9 de julio de 2012

a mí lo que me da miedo.



(Fotograma de Alice in the Cities, 1974)



¿A ti qué te da miedo?
Y yo respondí:
A mí me da miedo querer.

(Lolita Bosch, Ahora, escribo)

lunes, 16 de abril de 2012

Tocando el borde del mundo.





When I go out there to visit, I hardly know where I am.
(Alice Munro, Friend of My Youth)

When I go out there to visit, I hardly know who I am.

martes, 10 de abril de 2012

los santos inocentes.







Una amiga me leyó las líneas de la mano y me dijo: vas a morir pronto. También dijo: dos, veo dos. ¿Dos qué? Dos cosas. Dos accidentes. Dos vidas.

No me cobró nada, porque dijo que lo que estaba haciendo era ilegal en su país.

Me arranqué las líneas de la mano y dije: Aquí está el accidente, está aquí. El accidente soy yo. Y levanté mi mano lisa; así era cómo iba a luchar.

Cuando volví a encontrarme con él, me cogió la mano y dijo: ¿Dónde están tus líneas de la mano? Era lo que más me gustaba de ti. Toda esta suavidad no conduce a nada.

+

martes, 3 de abril de 2012

Ich bin... was?




 
"¿No cree usted que se acerca el verano?" 
"¿La luz?" 
"Ah, sí, la luz.(...)" 
(Juan Benet, Volverás a Región

  y mira al cielo y sólo alcanza a ver 
el origen del frío 
 (David Leo García, Dime qué)


Cuando viajo, nunca escribo. Voy a Berlín y hace frío, pero llega la luz. La escritura es movimiento. El movimiento se pierde en el movimiento. Voy a Berlín y toco la piedra. Berlín tiene un aire extraño. Me hace pensar en Madrid, pero no se parece a Madrid. En Berlín la historia se toca, se respira, se pisa. Los edificios nuevos se amontonan con los viejos y la noche se amontona con el día, y todo está cerca pero nadie anda. Lo más bonito de Madrid es el cielo; lo más bello de Berlín, el suelo. El cielo de Berlín me hace pensar en bombardeos. Lo mismo que el suelo de Madrid. Mirar arriba o mirar abajo. O sólo mirar, esperar que algo nos cubra, y descubrir que no hay nada.

Volver a hablar inglés. En Berlín Ich spreche kein Deutsch, así que Sara habla. Me compro ropa usada y se me acaba la batería de la cámara. Fotografiamos los graffitis del muro, y en una esquina, alguien vende reproducciones diminutas de ellos.

Leemos poesía en los trenes regionales, y hablamos alto. Los alemanes, excepto los que acaban de reencontrarse en el aeropuerto, susurran.

Aeropuerto-casa. Mi avión se retrasa y leo a Benet. Aeropuerto: ninguna parte. Lugar seguro. El no-lugar donde nadie te espera y tú no esperas a nadie. El lugar donde nada puede tocarte. El continuo movimiento. 

Cuando viajo, no escribo.
Se acerca el verano. 
¿La luz?

jueves, 22 de marzo de 2012

promedio de vida.



Buscamos un lugar donde rezar, pero no podemos.
Entonces atamos nuestras manos. Prometemos no decir.

martes, 20 de marzo de 2012

historiografía del agua.


I wanted to be instead of the water.
(Miranda July)

(Para Annie.)

Esperar en el viaje: la espera en movimiento. Define deseo. Define definición. Escribe todo seguido, sin ningún espacio entre aquí y el movimiento. Ahora que llega la luz. Ahora que llega la noche y las fiestas donde todos se disfrazan, y nadie recuerda tu nombre. Su nombre. Nadie. Escribir y no estar. Tan dormida, la arena, creo. Yo quería ser en vez del agua, digo. Por eso vine a este país acuático, a este país sumergido. Esto es Europa, decimos, sin creerlo demasiado. Y cada uno lleva su historia que no comparte, su historia que se desdibuja, la historia para la que no tenemos nombre, porque ya nos lo dio a nosotros. La historia, dicen, a la que pertenezco. La que encontramos.