Yo quería ser tu amante inglesa, pero no era tu amante, ni era inglesa. Para empezar, me esforcé en el perfeccionamiento de la lengua. Modifiqué el color de mi voz. Lo teñí de rubio. La amante podía esperar. Luego dije: amado. Lo de amante también puede esperar.
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viernes, 8 de julio de 2016
martes, 14 de junio de 2016
No estás.
"Donde debía estar mi alma hay un pedazo de hielo. Donde dice alma poner necesidad. Donde dice hielo, hielo. Donde dice necesidad poner hambre, donde dice hambre, ceguera. Donde dice ceguera, escombro."
(Pilar Fraile Amador, La pecera subterránea)
Me agarras y después me sueltas.
¿Dónde estoy?
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miércoles, 18 de diciembre de 2013
Las ciudades que no vimos a causa de la nieve.
Uno escribe para comunicar algo a aquellos que están ausentes.
(Jacques Derrida)
Los deseos ya son recuerdos.
(Italo Calvino)
Los deseos ya son recuerdos.
(Italo Calvino)
Empiezo a contar la historia para los que han venido. Termino para los que llegan. No es un cuento sobre los que se van. Es una huida; es un regreso.
Prólogo de Sara R. Gallardo.
Colección Alejandría: Poesía.
Ediciones Oblicuas.
73 páginas.
12 €
(A la venta el 23 de diciembre.)
Próximas presentaciones:
21 de diciembre - Madrid: Bogui Jazz (C/Barquillo 29), 18:00 hrs. Presentan Alberto Trinidad y Sara R. Gallardo.
28 de diciembre - Ávila: Bar Paragüas (C/Virgen de las Angustias 33), 18:00 hrs. Presenta Raúl Vacas.
domingo, 8 de diciembre de 2013
No te quites los zapatos.
(Anne Carson)
No te veré morir.
(Idea Villariño)
Ya es de noche.
(Próximamente.)
No te veré morir.
(Idea Villariño)
Ya es de noche.
(Próximamente.)
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lunes, 23 de septiembre de 2013
Otro blanco.
También, el del cuerpo. También la luz aquí. También el de mis ojos, dijeron. También, las lagunas de la voz. Distinto del que tenías. Teníamos. Distinto del blanco que sabía guiar el transporte público muy de mañana. Del que despertaba las autopistas antes de tiempo. De la piel de los osos polares. Del hueco de la garganta. Del peso antes de dormir.
sábado, 31 de agosto de 2013
Cartas a los beduinos.
Los beduinos no tienen casa. No comprendo su idioma, pero sé que al desierto lo llaman hogar. Nunca permanecen. Podría buscarlos y nunca sería el mismo: los mismos ojos, la misma voz, el mismo nombre, la misma arena.
Allí también dormí.
Allí también crecí.
Era joven. Llevaba flores en el pelo.
No sabía vivir sin el frío. Crecimos juntos.
Luego desaparecí.
jueves, 28 de febrero de 2013
A veces recuerdo una noche en la ciudad.
La noche es metálica. La oigo resonar.
Dime que no vamos a pasar frío. Dime que no vamos a pasar miedo. Di que vayamos donde vayamos seguirá existiendo al mismo idioma: los rezos: las manos.
Pero es preciso tener frío. Pero es preciso tener miedo. Para la fluidez en el lenguaje. Para la lengua de la carretera.
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domingo, 3 de febrero de 2013
La ciudad sitiada.
No sé si te acuerdas de lo que te dije antes de marcharme. Antes de quemarme las manos. Antes de embriagarme los ojos. Antes de que la sangre fuera de todos. Mejor que no recuerdes. Mejor que no recuerdes nada.
Algunos dicen que cambiaste. Que ya no te reconocían. Yo sí. Por el miedo. Sobre todo por el miedo. Y las manos. Esas manos.
El día en que vi con mi padre tres accidentes en la carretera, pensé: si un hombre vive por creer en algo, ¿por qué viven los demás? ¿Cómo viven los demás? Pensé: cualquiera podría haber sido yo; también yo podría haber sido ese perro herido en el arcén. Supe que entonces que los hombres podrían construir casas, y aviones, y puentes, y seguirían teniendo miedo. Su condición es lo que más temen. Su condición es lo más vulnerable. Su condición. Lo que más amo.
martes, 8 de enero de 2013
miércoles, 2 de enero de 2013
La mujer ciega.
(Ferdinand Hodler, Mujer jubilosa)
Al final volví a casa. Al principio. Otra vez. Tú llegaste igual: sin abrigo, sin dientes, sin cama. Los cristales de los coches se helaban en la calle. Te invité a entrar. Todavía oigo esa música. Todavía recuerdo ese baile. La sensación de ser arrastrada sin poder evitarlo. No los pasos. Aún los oigo. No puedo verlos. No puedo ver nada. Sólo toco la escarcha. La pared. La almohada.
sábado, 3 de noviembre de 2012
sol de lluvia.
si alguien te "elegía", ¿qué significaba eso para ti?
¿Acaso no significaba que estabas disponible para ser elegido?
¿Acaso no significaba, a fin de cuentas, que en el mundo sólo había dos personas?
¿La que te "elegía"?
¿Y la que no?
(Joan Didion, Noches azules)
¿Acaso no significaba que estabas disponible para ser elegido?
¿Acaso no significaba, a fin de cuentas, que en el mundo sólo había dos personas?
¿La que te "elegía"?
¿Y la que no?
(Joan Didion, Noches azules)
Yo también he vivido las noches azules. Sobre todo en el norte. Especialmente en el norte. Cuando crees que no va a acabar la luz y nunca va a llegar el día. Yo también he tenido miedo de que no acabara la luz. De que no llegara el día. Nunca llegué a creer en la muerte de la luz hasta que viví en el norte. Hasta que la eternidad fue muerte. Creí que no había más de dos canciones: La que se agota. Y la que empieza.
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domingo, 5 de agosto de 2012
Ahora que hemos llegado al centro, me tengo que separar.
no parecía tener otro don que el de transformar la luz
(Juan Benet, Volverás a Región)
viernes, 3 de agosto de 2012
El mundo antes.
Imagina el mundo antes. El mundo antes: como si no hubiera:
higiene, toallas o transporte público. Antes: del tostador, los pasos de cebra,
la calefacción, los semáforos o el frigorífico. Antes de las bombillas o las
telecomunicaciones. Como si nunca las hubiera habido. Como si. Cuando no las
había.
Cuando los héroes eran los animales y el cielo poblaba el
cielo. Y el fuego era un peligro, pero también la única fuente de conseguir
calor. Cuando nacer no estaba cartográficamente lejos de morir. Y las pieles
eran un lujo para el que se dejaba cazar.
Entonces,
allí,
también.
Ellos llevarían pieles o pelo o irían desnudos, como ahora,
como ayer, como entonces.
Entonces, también, se habrían querido.
Ellos, todos, más cerca de los animales que del amor de hoy en día.
Bajo las noches negras y frías o cubiertas de estrellas en
las que adivinarían ver a un dios.
Con la piel dura o frágil, también los días en que no
hubiera nada que llevarse a la boca. O que un animal salvaje irrumpiese en su
hogar-escondite-cueva. O que ambos coincidieran. Un animal violento: el pan de
cada día.
También allí.
En ese otro mundo que no sabemos si existió, porque nadie
puede contarlo por escrito.
En ese mundo sin te quieros, sin cartas de amor o de despedida,
sin papel ni lápiz, sin cenas románticas. En ese mundo sin consciencia ni
palabra.
En ese mundo, también, lo sabrían (aunque no lo contara
nadie) (aunque muriesen mañana) (aunque nadie los hubiera recordado):
También, antes, entre esquimales y raíces, sin camas ni
teorías,
donde nadie tenía nombre,
sólo con heridas,
sólo a base de caricias y carne cruda,
en otro mundo,
también allí
habríamos querido.
lunes, 16 de julio de 2012
Los espacios naturales.
Soy una mujer con 500 golondrinas dentro.
Todo el verano: olor a cloro y golondrinas.
El cuerpo lleno de golondrinas.
Con las alas rojas. Viento rojo.
Cloro listo para matar.
Limpiar o matar
la suciedad de las golondrinas.
Todo el verano: olor a cloro y a sal.
¿A sal?
No sal; sólo cloro:
limpio y aséptico para matar
la pureza, para matar.
El olor insoportable. Más que la muerte.
El olor de la muerte
insoportable.
Todo el verano: olor a cloro. Olor a limpio.
¿Cuál es la rendija que filtra
el sudor del deseo?
¿Cuál es la corteza que separa
el humano del animal?
¿Cuál la cualidad que define
el paso breve o la pereza?
¿La pureza? ¿La bilis,
roja?
roja?
Sólo sudor.
Sólo deseo.
Sólo animal: el animal, solo.
La correa.
El canto: el gemido que se parte;
parte.
Sólo el peso muerto
de los cuerpos.
Este deseo de contemplar la muerte.
(Esa muerte.)
(Cualquier muerte.)
De no apartar los ojos
de los dos cuerpos:
(golondrinas,)
dos cuerpos.
Y la rendija,
que deja pasar el aire:
exceso
de respiración.
lunes, 9 de julio de 2012
a mí lo que me da miedo.
(Fotograma de Alice in the Cities, 1974)
Y yo respondí:
A mí me da miedo querer.
(Lolita Bosch, Ahora, escribo)
martes, 19 de junio de 2012
el cielo: la jaula.
La muerte siempre llega desde dentro.
sábado, 16 de junio de 2012
Linda Pascan; motivos.
Porque la noche en que me preguntaste,
la pequeña cicatriz en cuarto de luna
se había curado: la luna volvía a estar llena;
porque la vida parecía tan corta;
se había curado: la luna volvía a estar llena;
porque la vida parecía tan corta;
porque la vida se extendía ante mí
como los pasillos oscuros de una pesadilla;
porque sabía exactamente lo que quería;
porque no sabía exactamente nada;
porque me quité la infancia con la ropa
(y aún quedaban años por llevarla);
porque tus ojos eran más oscuros que los de mi padre;
porque mi padre dijo que podía hacerlo mejor;
porque quería tanto decir no;
porque Stanley Kowalski gritó “¡Estela!”;
porque eras una puerta que podía cerrar;
porque los finales se escriben antes que los principios;
porque sabía que después de veinte años
meterías las plantas en casa durante el invierno
y harías una selva en la que dormiríamos desnudos;
porque era libre para elegir;
porque estaba predestinado;
dije sí.
––Linda Pastan.
(Traducción del inglés de Emily Roberts.)
miércoles, 30 de mayo de 2012
decir la luz es decir morir.
Pero aquí el corazón seguía siendo el mismo, solamente llevaba abrigo. Creí que lo habrían cambiado, o que le darían cuerda del revés. Pero empezó a amanecer pronto, a anochecer tarde, y llegó la luz. Llegó el calor y por la noche era verano. Salía a la calle con el pelo mojado. El pelo suelto. Y sólo releer a Amy Hempel cuando hay miedo. Y decir el miedo es decir me acuerdo. La luz no da miedo, pero va a amanecer en cuatro horas. La luz no da miedo pero sí los árboles y sí la lluvia y no los aeropuertos. Estar aquí era como estar en ninguna parte. Estar en vuelo. De eso se trataba: primero Berlín, después Copenhague, luego Edimburgo. Nunca estar en casa: de eso se trataba. Morir antes de respirar era lo más fácil para inventarse un compás.
Por ejemplo: 1. Vacío, 2. Lleno, 3. Nada.
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jueves, 5 de abril de 2012
No hablar sin llamar
Queremos hablar de las cosas pequeñas, de los espacios pequeños que no ocupan lugar. Como los tiempos pequeños y los momentos que vienen para no quedarse pero no caben.
No queremos hablar de astillas y misterio. O de cómo las palabras se astillan contra las mejillas. Y las mejillas se hinchan y se irritan. Sin las palabras. Sin las plumas arrancadas sin ningún esfuerzo. O las anginas. De los idiomas prestados como juguetes viejos.
Las cosas pequeñas son las que más ruido hacen al romperse.
Las cosas pequeñas son las que más ruido hacen al romperse.
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martes, 20 de marzo de 2012
historiografía del agua.
I wanted to be instead of the water.
(Miranda July)
(Para Annie.)
Esperar en el viaje: la espera en movimiento. Define deseo. Define definición. Escribe todo seguido, sin ningún espacio entre aquí y el movimiento. Ahora que llega la luz. Ahora que llega la noche y las fiestas donde todos se disfrazan, y nadie recuerda tu nombre. Su nombre. Nadie. Escribir y no estar. Tan dormida, la arena, creo. Yo quería ser en vez del agua, digo. Por eso vine a este país acuático, a este país sumergido. Esto es Europa, decimos, sin creerlo demasiado. Y cada uno lleva su historia que no comparte, su historia que se desdibuja, la historia para la que no tenemos nombre, porque ya nos lo dio a nosotros. La historia, dicen, a la que pertenezco. La que encontramos.
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