jueves, 1 de enero de 2015

Carta a Adelaida García Morales:


Pues Dios permite que lo que no existe sea intensamente iluminado.
(Pessoa en El silencio de las sirenas, Adelaida García Morales, 1985)

Querida Adelaida: 

Tú fuiste uno de mis descubrimientos del 2014. Irónicamente, como suele pasar con los escritores más misteriosos, no es sino hasta que la vida se los lleva que son redescubiertos. En este caso, he encontrado en una autora española lo que a principios de año encontré en la inglesa Anna Kavan: la sutilidad de lo indecible, la irrealidad de la realidad, lo misterioso de la vida. La posibilidad de aquello que se marcha pueda volver de otra manera de algún modo. Seguir pudiéndonos maravillar por ver la luna en un día de sol. Seguir encontrando más lecturas, o dejar que ellas nos encuentren a nosotros. Y que se queden. Y que sean hogares que habiten nuestro Sur. Seguir creyendo en el misterio. Seguir persiguiendo la fe de lo que nadie cree. La pálida paz tras el fracaso.

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