miércoles, 22 de mayo de 2013

Colores pintados de caballos.


Presentación de la antología Atlas poético: Viajeras del siglo XXI (Cuadernos del Laberinto, 2013).

Casa del Lector (Matadero de Madrid), Auditorio principal.
24 de mayo
18:30 horas
Presentan: Alicia Arés (editora) y Martín Ortega Carcelén (poeta).
Entrada libre hasta completar el aforo.

sábado, 18 de mayo de 2013

Apuntes sobre Marta Sanz: la destrucción o la mentira.

(Ilustración de María M. Bautista)
And if I tried
to give you something else,
something outside of myself
you would not know
that the worst of anyone
can be, finally,
an accident of hope.
(Anne Sexton)
(Y si tratara / de darte algo más, / algo fuera de mí misma / no sabrías / que lo peor de cualquier persona / puede ser, al final, / un accidente de esperanza.)
Trad. Emily Roberts
Enfoque:

Y cuántos kilómetros quedan para haber vuelto. Con cara de muerta. Tendré que colocar rachas de melena entre los ojos y mi madre.
(El frío, Marta Sanz)

Como todo, el amor nació del frío. Del frío que nos protege. Pero Toda historia de amor es una historia de asesinato. Y el amor es como una de esas mantas que pican y dan mucho calor. Las historias de amor de Marta Sanz son historias de asesinato. De la muerte de una persona: el mismo amante, la idea del amado, la muerte de ese frío de donde nació el amor. Porque Las víctimas son el peor de los verdugos, y la literatura quizás es una forma de justicia (si no de venganza). Encuentro estas dos razones al analizar tanto la primera como la última novela de Marta Sanz, narradora española nacida en 1967, y no puedo dejar de recomendarla. La primera, El frío, quizás más como venganza, la segunda, Daniela Astor, quizás como justicia. O viceversa, quién sabe. Ambas como motivo último y primario del amor. Y también del miedo. Lo que se desea y no se consigue es, tarde o temprano, pasto de la destrucción, predicen ambas narradoras. Encuentro en El frío un Amante español y moderno, sin el calor tropical de Indochina. Así: punzante y escabroso. Así: seco como el paisaje castellano. Es un movimiento de trenes, autobuses, olas y caderas que no llegan a ninguna parte, ¿cómo es posible querer estar siempre en otro sitio? Quizá también consiste en eso el amor, nos indica Marta Sanz, incluida la mentira. Recuerdo el Libro de Monelle y su "todo amor que dura se convierte en odio". Daniela Astor nos habla de otra clase de secreto, y su destape, porque hay cosas que a veces no estamos preparados para comprender. Las narradoras, separadas por su edad, alcanzan una intuición opuesta pero siniestramente similar de lo que el amor significa respecto a la vida de uno mismo. Las narradoras condenan al tiempo que perdonan. Ocultan al tiempo que descubren. Acarician mientras producen escalofríos. Arañan y se quedan.

No sé si hay redención. Si la literatura redime en último lugar. O si se trata de un viaje sin destino. Continuamente llegando y todavía tan lejos.

El amor es un ancla que escuece y se clava. El amor pesa. El amor se pega al rostro.

Fundido en negro.

*Las citas en cursiva pertenecen a El frío (Debate, 1995; Caballo de Troya, 2012) y a Daniela Astor y la caja negra (Anagrama, 2013), ambas por Marta Sanz.

sábado, 11 de mayo de 2013

Madrugar para irse de viaje.


28 poetas
48 países
Incontables destinos

Aquí os dejo uno de los poemas que podréis encontrar en el libro:

ANIMAL DE VUELO (Copenhague)
Dicen que la eternidad también es muerte.
Dicen: Si pudiera quedarme allí…
¿Y tú sabes lo que es la noche durante el día?
Quisieron derribar mi casa.
Yo les abrí la puerta y les mostré lo que tenía allí.
Cuando viajo, les dije, dejo de saber quién soy.
El frío no puede alcanzarme.
El cielo no puede reflejarme.
El miedo no habla mi idioma.
Los cuerpos hablan el mismo idioma.
Derribo:
el equipaje de mi maleta.

(Emily Roberts)

jueves, 9 de mayo de 2013

National Rail Enquires le informa de que:



Me vuelvo ciega. Me vuelvo cicatriz. Me duermo en ella. No me han venido a buscar. Nunca llego a tiempo. No eres buena. No das miedo. ¿Me reconoces? Enterrar es ser espejo. Si la función de mi pecho es. La función de mi pecho. Es. Nunca hablas. Nunca hablas. Todo se aprende. Tú, también.

domingo, 14 de abril de 2013

lunes, 8 de abril de 2013

Recibo esta sal en mis manos.

(Imagen: Musa Ammalata de Luna Miguel)

Pain is a flower like that one.
like this one,
like that one,
like this one.
(Robert Creely)

La tumba del marinero (La Bella Varsovia, 2013) no es una enfermedad, no; no el dolor, no. Todos los dolores –este, ese, aquel– se parecen como flores perfectas que crecen en un campo. Sí una crónica. Sí un entierro de los vivos: cada momento es un entierro. Un regreso a la épica homérica de la infancia sin la quietud que habita la infancia. Un canto a la destrucción, a la erosión: Todos elegimos la destrucción, dice su autora. Todos, pero de distinta forma. Lo que importa es cómo se lleve a cabo, esa guía pautada que aparece, por ejemplo, en "Anatomía": Aprende a cortar. Aprende a desnudarte desnuda. Esa guía del llanto que aparece en La tumba del marinero de Luna Miguel. Una guía a ciegas sobre hacerse mayores. De cómo podemos jugar sin ser desconocidos. De cómo ser feliz y estar triste. De cómo crecer si no sabemos hacia dónde. Hacia cómo. Con el terror de no saber y de no querer saber. De querer saber y de querer no poder saber. Cuando el mundo deja de ser el único que hace daño y empezamos a hacerlo nosotros con él. Cuál es la parte de nuestra infancia que nos queda. La parte que nos hace. La parte que nos crece. El corazón es una tumba que colecciona cadáveres. La tumba es la muerte del día a día. La muerte es el sabor de la medicina. Para qué es el vacío, dice Robert Creely, sino para llenar, llenar.

sábado, 6 de abril de 2013

El frío es una historia.


Para R. y M.
Lo único que no sabe bien en Varsovia es el agua.

Varsovia es una ciudad con mujeres de manos jóvenes y cara vieja. Varsovia es una ciudad habitada en el transporte público y los subterráneos. No se puede caminar por fuera. Varsovia son los pájaros de Hitchcock. Varsovia es una ciudad inmensa y reconstruida. Varsovia es una ciudad de manos jóvenes y cara vieja.

Varsovia es una ciudad precaria.

La precariedad es una casa que tiembla. 

La precariedad es un corazón que tiembla, lleno de vida. La precariedad son dos personas que se quieren. La precariedad: el suelo que cruje bajo mis pies. La precariedad: llevar tres capas de ropa y seguir desnuda.

Pregúntame dónde moriré y le restaré importancia. Pregúntame con quién moriré, y te diré que tengo frío. Te diré que tengo nieve.

Me enseñaste que huir no te hace ser diferente. Me inventaste una ciudad para que huyera. Me inventaste una ciudad donde conocer gente nueva, de manos pequeñas y ojos tristes. Gente vieja. Me inventaste una ciudad en la que no sabe bien el agua. Te diré que tengo sed. Me dirás, filtro en la mano. Me dirás si quiero agua.

Lo único que no sabe bien en Varsovia es el agua, por eso tenemos que filtrarla.

sábado, 23 de marzo de 2013

Los mismos monstruos.

(ilustración de Raquel Boucher)

Después de la fiesta me fui de casa. Para siempre, le dije, yo no sé cuidar las plantas. Después de la fiesta tenía los ojos rojos. Después de la fiesta todos éramos monstruos. Todavía recuerdo el día que dejé Utrecht Centraal en dirección a Schipol y pensé que nadie iba a estar allí. La media hora del trayecto se hizo eterna. No había desayunado y estaba mareada. Llevaba tres días sin comer pan. O tres días comienzo sólo pan. O comiendo, sólo. Tú siempre estabas acatarrado. Tú siempre estabas acatarrado y tosías al hablar. Al llegar te dije que no, no tenía nada que contar.

Qué dios nuestro no es poeta. Y qué dios es nuestro. Y quién no es un monstruo. Y quién nos avisó de lo que no querían los demás: ponerse enfermos, ser huéspedes en lugar de ser ocupas. O el día en que nos regañaron por haber cumplido con todo lo prometido. O el día en que habíamos prometido. Todo esto con las manos pequeñas, con las manos deformes, con las manos.

Todo esto con los ojos cerrados. El adiós, incluso, con los ojos cerrados.

viernes, 22 de marzo de 2013

Mujeres solas.

(Las musas inquietantes, Giorgio de Chirico)

El hogar es el lugar de la mujer, ¿no? A primera vista diremos que no, pero eso es algo que no parece haber cambiado, especialmente en la cultura hispánica. Sin moverse de ese lugar, sin embargo, sí han cambiado las tácticas de resistencia. A continuación, dos novellas y dos poemarios donde sus mujeres están solas: ante el amor, ante la muerte, ante el miedo. Quizá porque no son demasiado femeninas, o porque lo son en exceso, porque no cumplen con su papel o lo cumplen demasiado bien. Son cuatro voces fuertes. Cuatro hogares. Paredes abiertas.

1. Últimos días en el Puerto Este, Cristina Fallarás. La novela de Fallarás, a modo de diario de a bordo de la resistencia, me enseña que: Día 1: Todos somos el capitán. Día 2: Si no somos el Capitán, entonces somos la Polaca. Día 3: La belleza no es importante al principio. Día 4: La Polaca es Medea. Día 5: El hogar es esa isla a la que llegó Mede. Día 6: El hogar se convirtió en cárcel. Te observan, te observan. Día 7: Medea no puede, no quiere, ser Penélope. Todos sabíamos que el Capitán no iba a volver. Estamos rodeados. No va a serlo.

2. Matate, amor, Ariana Harwicz. A mí también me pone nerviosa el campo. Muchos creen que la violencia y la maldad anidad en la ciudad, pero la ciudad es un refugio. En el campo somos libres: ni farolas, ni policía, ni autoridad. Se impone entonces la ley del más fuerte. En el campo el grito se silencia. Los visillos de los vecinos -si hay alguno- son más densos. El llanto del bebé se ahoga en la noche. Enamorarse se convierte en una función vital más.

3. Esteparia, Natalia Litvinova. Esteparia es un árbol familiar precioso y frío, borrado por la nieve y por la pérdida de una lengua. ¿Cómo explicar lo que es ser extranjera en tu país? ¿Cómo explicar lo que es serlo en cualquier sitio, entonces? Ese agujero entre lector y lenguaje es la estepa, que deja que su pelaje de lobo sea acariciado... aunque muerda.

4. La soledad criolla, Martha Asunción Alonso. Siempre se desea lo que está lejos. Lo importante es que siempre se desee. ¿De qué color es mi hermana? Dime, ¿te acuerdas? Una huida voluntaria para recordar el color de las cosas, o mezclarlo con colores nuevos. ¿Rezando? Rezando a lo que se ve.

Qué importa qué, o quién. Queremos estar vivas.

sábado, 2 de marzo de 2013

Ser una isla, un perro, un color.


(Paul Gauguin, Femmes de Tahiti sur la plage)

Los perros

Estoy llena de perros.
Tienen grandes cabezas y cabezas oscuras, todas llenas de dientes,
hambre todas. Estoy llena de perros,
preñada hasta las cejas de perros con cadenas,
pero no me dan miedo. Soy hectáreas y hectáreas de docilidad para la espuma
contagiosa. Y me retumban.
Un océano de perros mariachis de perfil ladrándole
a la luna aquí en mi útero.
Y yo les grito: SIT!
Y ellos ladran peor, porque tal vez les va la muerte 
en ello. Le ladran a la luna, pero la luna sana está escribiéndose
por el otro hemisferio del dolor. Luego les grito:
¡Lorca!
Pero no. Tampoco. Ladra que te ladra.
Y me miran
con los ojos tapiados por la rabia,
como diciéndome: es la sangre. Como diciéndome:
quiérenos, o te muerdo.

(Martha Asunción Alonso, La soledad criolla)