lunes, 11 de mayo de 2015

Construir una casa.


Voy a escribir algo desgarrado me digo,
Pero si soy la dulce violeta.
Lo desesperado me pertenece:
Busco rastros de mí en los demás,
Vestigios de que antes también existí.

(Violeta Nicolás)

Al construir una casa, no todo lo importante es lo interior –los cimientos, las estancias, el color de las paredes, los muebles–, sino que también es importante la orientación de esta. ¿Adónde darán las ventanas de nuestro cuarto? ¿Adónde queremos que vayan a dar las del salón? Sobre estancias interiores que en realidad resultan ser exteriores escribe Violeta Nicolás en Flow (Huerga & Fierro, 2015; con el apoyo de InJuve). Aprender cómo y adónde mirar, el detalle al que nos arrastra la miopía que acompaña a al poeta, es el tema principal de este poemario, en el que crecemos con la voz poética. Elena Medel se refiere en el prólogo a un poemario-matrioska, en el que las muñecas-casa van saliendo una del interior de otra. Así es, pues, como ya hemos dicho, el aspecto interior de un hogar depende por completo de lo que le rodea. En nuestro interior guardamos lo vivido, que se compone en su gran mayoría de gestos, palabras y caricias ajenas: nuestro cuerpo es un paisaje. Y sobre ese paisaje creamos un hogar que fluye. Así aprendemos a hacer latir el nuestro. Así nos lo enseña la poesía de Violeta Nicolás.

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