viernes, 22 de marzo de 2013

Mujeres solas.

(Las musas inquietantes, Giorgio de Chirico)

El hogar es el lugar de la mujer, ¿no? A primera vista diremos que no, pero eso es algo que no parece haber cambiado, especialmente en la cultura hispánica. Sin moverse de ese lugar, sin embargo, sí han cambiado las tácticas de resistencia. A continuación, dos novellas y dos poemarios donde sus mujeres están solas: ante el amor, ante la muerte, ante el miedo. Quizá porque no son demasiado femeninas, o porque lo son en exceso, porque no cumplen con su papel o lo cumplen demasiado bien. Son cuatro voces fuertes. Cuatro hogares. Paredes abiertas.

1. Últimos días en el Puerto Este, Cristina Fallarás. La novela de Fallarás, a modo de diario de a bordo de la resistencia, me enseña que: Día 1: Todos somos el capitán. Día 2: Si no somos el Capitán, entonces somos la Polaca. Día 3: La belleza no es importante al principio. Día 4: La Polaca es Medea. Día 5: El hogar es esa isla a la que llegó Medea. Día 6: El hogar se convirtió en cárcel. Te observan, te observan. Día 7: Medea no puede, no quiere, ser Penélope. Todos sabíamos que el Capitán no iba a volver. Estamos rodeados. No va a serlo.

2. Matate, amor, Ariana Harwicz. A mí también me pone nerviosa el campo. Muchos creen que la violencia y la maldad anidad en la ciudad, pero la ciudad es un refugio. En el campo somos libres: ni farolas, ni policía, ni autoridad. Se impone entonces la ley del más fuerte. En el campo el grito se silencia. Los visillos de los vecinos -si hay alguno- son más densos. El llanto del bebé se ahoga en la noche. Enamorarse se convierte en una función vital más.

3. Esteparia, Natalia Litvinova. Esteparia es un árbol familiar precioso y frío, borrado por la nieve y por la pérdida de una lengua. ¿Cómo explicar lo que es ser extranjera en tu país? ¿Cómo explicar lo que es serlo en cualquier sitio, entonces? Ese agujero entre lector y lenguaje es la estepa, que deja que su pelaje de lobo sea acariciado... aunque muerda.

4. La soledad criolla, Martha Asunción Alonso. Siempre se desea lo que está lejos. Lo importante es que siempre se desee. ¿De qué color es mi hermana? Dime, ¿te acuerdas? Una huida voluntaria para recordar el color de las cosas, o mezclarlo con colores nuevos. ¿Rezando? Rezando a lo que se ve.

Qué importa qué, o quién. Queremos estar vivas.

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