
Pero aquí el corazón seguía siendo el mismo, solamente llevaba abrigo. Creí que lo habrían cambiado, o que le darían cuerda del revés. Pero empezó a amanecer pronto, a anochecer tarde, y llegó la luz. Llegó el calor y por la noche era verano. Salía a la calle con el pelo mojado. El pelo suelto. Y sólo releer a Amy Hempel cuando hay miedo. Y decir el miedo es decir me acuerdo. La luz no da miedo, pero va a amanecer en cuatro horas. La luz no da miedo pero sí los árboles y sí la lluvia y no los aeropuertos. Estar aquí era como estar en ninguna parte. Estar en vuelo. De eso se trataba: primero Berlín, después Copenhague, luego Edimburgo. Nunca estar en casa: de eso se trataba. Morir antes de respirar era lo más fácil para inventarse un compás.
Por ejemplo: 1. Vacío, 2. Lleno, 3. Nada.
