lunes, 14 de mayo de 2012

Reencuentro en la isla: el fuego como idioma.



i.
Podría correr pero todo seguiría siendo llano. Pero nunca llegaría a la montaña. Podría escapar en mitad de la noche en la hora azul. Pero todo seguiría siendo llano. Pero el viento. Pero el azul. Nunca llegaría a la montaña.

ii.
Encendimos un fuego pensando que nunca llegaría el calor.

Llegó el odio, llegó la música, y yo quise volver a nado.

lunes, 7 de mayo de 2012

Todo está bien.






El error es como el alcohol: uno enseguida se da cuenta de que ha ido demasiado lejos, pero en lugar de tener la sensatez de detenerse para limitar las secuelas, una especie de rabia cuyo origen es ajeno a la ebriedad le obliga a continuar. Ese furor, por raro que pueda parecer, podría llamarse orgullo: orgullo de clamar que, pese a todo, hacíamos bien en beber y teníamos razón al equivocarnos. Persistir en el error o en el alcohol adquiere entonces categoría de argumento, de desafío a la lógica: si me obstino, significa que tengo razón, piensen lo que piensen los demás. Y me obstinaré hasta que los elementos me den la razón: me volveré alcohólico, tomaré partido a favor de mi error, esperando a desplomarme bajo la mesa o a que se burlen de mí, con la vaga y agresiva esperanza de convertirme en el hazmerreír del mundo entero, convencido de que al cabo de diez años, de diez siglos, el tiempo, la Historia o la Leyenda acabarán dándome la razón, lo cual, por otra parte, ya no tendrá ningún sentido, ya que el tiempo lo relativiza todo, ya que cada error y cada vicio vivirá su edad de oro, porque equivocarse o no es siempre una cuestión de época. 
(Amélie Nothomb, El sabotaje amoroso)

miércoles, 2 de mayo de 2012

Cómo guiar a un perro lazarillo.




A veces el perro lazarillo se queda ciego con tanta luz. Entonces el ciego tiene que guiarlo. ¿Cómo, si no puede ver? ¿Cómo, si el perro no escucha? A menudo parece que el lazarillo conoce el camino. Se trata sólo de la confianza. De la falta de condiciones. El ciego sólo acaricia. El ciego desconoce el color de su pelaje, pero no duda de él. Porque el ciego no puede ver la luz, pero sí puede tocarla. El tacto es el idioma de los colores. Él es el único que sabe adónde va. No adónde llega.