
Bélgica es un cuaderno de viaje. Se Perdre es un diario donde ser revela el ¿verdadero? suceso de Passion Simple. Pero en Maillard y en Ernaux se cruza algo: el deseo. Bélgica y Se Perdre son muestras de la topología del deseo: el deseo de viaje, de encuentro, de desear, de no desear, de encontrarse a uno mismo. Y en ambas, muy notablemente, el deseo de escritura (¿por qué, para qué?). L'écriture est décidément toujours une morale pour moi, escribe Annie Ernaux. Escritura y vida, al final se confunden, y quizá eso sea lo que haga estas obras tan atractivas: la carencia de historias, la prosa desnuda y el escritor expuesto. Pero, ¿no es la autoficción otro tipo de historia? Y viceversa, ¿no son las historias otro tipo de autoficción? ¿Necesitamos las historias?, se preguntaba Virginia Woolf en Las Olas. La escritura, quizás, es una forma de moral, un modo de ver la vida: de darle forma.
(Je ne suis pas écrivain, j'écris, puis je vis, apunta Ernaux.)
Hacer de la vida literatura. De la literatura, vida.
