
En aquella pensión de ayer, el mar llegaba a los tobillos de la gente. Todo es la habitación, o el océano. Pagar la guerra con agua. La ciudad dormía, y los transeúntes se escribían cartas para no volverse a ver. Todos mentíamos como depravados, intentando unas vidas más ruines de las que en realidad portábamos. La ciudad parecía tan monótona. El asedio tan premeditado. Los niños vuelven. Las casas también. Aprender a emborracharse con agua y enredar solo el laberinto.
Al borde del río están sentadas tres niñas comiendo galletas. Una de ellas dice: tirémonos al río. Otra: espera, yo soy un árbol. Acaricia mis raíces. Arráncame el terciopelo.
Alguien quiso que no fuéramos transparentes: y nos revistió con huesos. Alguien quiso que no fuéramos las entrañas calculadas por la naturaleza: y nos otorgó la enfermedad. Queríamos un árbol al que trepar: y nos dieron armas. Queríamos un motivo: nos regaló la libertad.
Alguien me quiso, también me odió. Por eso estoy aquí.
Al borde del río están sentadas tres niñas comiendo galletas. Una de ellas dice: tirémonos al río. Otra: espera, yo soy un árbol. Acaricia mis raíces. Arráncame el terciopelo.
Alguien quiso que no fuéramos transparentes: y nos revistió con huesos. Alguien quiso que no fuéramos las entrañas calculadas por la naturaleza: y nos otorgó la enfermedad. Queríamos un árbol al que trepar: y nos dieron armas. Queríamos un motivo: nos regaló la libertad.
Alguien me quiso, también me odió. Por eso estoy aquí.

