
Hemos aprendido a quedarnos callados
ignorando
las señales
del desierto,
hemos aprendido a no llorar
visitando
nuestras carencias
de vez en cuando.
He estado pensando en aquello
que dijimos:
alquilar un barco,
vender todas nuestras
cenizas
a los muertos,
traficar con nuestra parte
de la casa, el invierno.
Hemos sitiado con nuestros ojos
las palabras de la ciudad,
sólo queremos deshacernos de lo que ya
no hemos vivido:
no hemos sabido respetar
nuestras promesas, y por ello
nos sentimos orgullosos.
Hemos aprendido a olvidar
todo lo que nos enseñaron,
también el instinto
de supervivencia.

