sábado, 24 de diciembre de 2016

Diario Interrail VII. Milán.


Bebemos cócteles junto al navigli. Esta ciudad se parece más a la nuestra: volvemos a oír los gritos y a palpar la suciedad. Un hombre se desnuda en el transporte público. Las cara cansadas de los que buscan trabajo, o calor, o casa. Mila è una cità molto triste, nos dice la camarera de un bar cubano, extrañando una España que nunca conoció, como se extrañan las cosas que no hemos vivido.

Hemos visto las desgracias de Europa—y las hemos repetido. Algunos dicen que el tren cansa, pero yo preferiría no llegar. Ser siempre el continuo movimiento, el deslizarse de los países por la ventana. Ser siempre un tren en marcha. Qué lejos estamos y lo imposible que es volver. Ahora encuentro con que me alimento del destierro. Un no-lugar, un no-destino. La calma de trazar una línea en el mapa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada