martes, 4 de octubre de 2016

Los hijos únicos no lloran al nacer

(Edwin Elmer, “Mourning”)

Ningún lugar es aquí lo que parece.
Los hijos únicos nos lanzamos al mar—
delante de nosotros va
nuestra ceguera.

Nos desnudamos al despertar
para que no nos vean.
Los hijos únicos no somos fáciles de amar—
por eso recogemos hormiguitas y animales

que podamos llevar con nosotros
para alimentarlos así
con nuestra enfermedad.
Los hijos únicos somos fáciles

de olvidar—
donde ya no estamos, la luz
se hunde en nosotros
esperando suplantar el hueco

con calor
y la sangre
con un océano.

Los hijos únicos no lloran al morir

porque ya están solos.

Poema publicado originalmente en el nº 8 de Estación Poesía (Universidad de Sevilla, 2016).
Estaremos presentándolo esta tarde en La Central de Callao a las 19:30.

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