domingo, 18 de septiembre de 2016

Diario de Interrail I. Budapest.

My hands are of your colour, but I shame to wear a heart so white.
(William Shakespeare)

Solamente queremos que nos lleven lejos. Todos los que estamos aquí. Qué hemos venido a buscar exactamente, no sabemos, pero seguiremos viajando hasta que lo encontremos. En Budapest todos parecen felices, pero no entiendo el húngaro. El Danubio por la mañana nos hace llorar; el reflejo del sol nos ciega. Qué edificios tan terribles se alzan ahora en nombre de la belleza. El Danubio dibuja un surco en mi almohada. Por la noche, escucho el tranvía desde el noveno piso. Vivimos en un antiguo búnker. En el memorial judío, veo unos zapatos pequeñitos, diminutos. Qué pequeños somos. En Budapest todos parecen felices, pero no entiendo los aeropuertos. Por eso he querido viajar en tren: para mirar las fronteras de cerca y comprobar si de verdad existen. Por eso anhelo el viaje infinito. Por eso quiero que cualquier patria me acepte. Por eso me avergüenzo de llevar mi corazón tan blanco.

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