jueves, 3 de julio de 2014

Guía de viajes: Ávila.



(En las fotos, la antigua fábrica hidroeléctrica derruida en la que años después los chavales solían hacer botellón. La Fábrica de Harinas también fue derruida y sobre ella se ha hecho un documental.)

Pegar un chicle en la muralla
y huir.
(Cintia Pérez)

Ávila es la ciudad más castellana y más augusta de toda la meseta colosal. (...) Nunca se siente un ruido fuerte, únicamente el aire pone en sus encrucijadas modulaciones violentas las noches de invierno. (...) Sus calles son estrechas y la mayoría llenas de un frío nevado. (...) Estas plazas las forman dos o tres casonas con tejados de flores amarillas y únicamente un gran balcón. Las puertas cerradas o llenas de sombra, un santo sin brazos en una hornacina, y al fondo la luz de los campos que penetra por una encrucijada miedosa o por alguna puerta de la muralla. En el centro una cruz desquiciada sobre un pedestal en ruinas y unos niños andrajosos que no desentonan con el conjunto. Todo esto bajo un cielo grisáceo y un silencio en que el agua del río suena a chocar constante de espadas.
(Impresiones y paisajes, Federico García Lorca)

Yo nací en la montaña. Es decir, en Ávila. A pesar de que Andrés Barba diga en Caminar en un mundo de espejos (Siruela, 2014) que La ciudad en la que se ha nacido y se ha sido niño es la única ciudad del mundo que uno está incapacitado para censurar, esta quizá sea la ciudad que yo me siento más capacitada para censurar. Es una ciudad donde todos se conocen, donde los extranjeros son descubiertos en la primera mirada. Donde es imposible mentir. De allí huí a los dieciocho años, herida por la muralla en ruinas, a buscar un lugar más amplio, un lugar abierto. No obstante, la gente que ha venido a visitarme queda fascinada por la paz y las ruinas y el frío en el centro de España. Si tuviera que nombrar las dos mejores cosas de Ávila diría: las Tapas y el Mercado Medieval. Por cierto, el gentilicio es abulenses o avileses, que avileñas son las vacas.

El Mercado Medieval (o de las Tres Culturas) tiene lugar el primer fin de semana de septiembre, y es la única vez al año en la que el centro de Ávila está lleno como una metrópolis inmensa. Todo se llena de ruido, color, olor a comida, mercadillos y gente disfrazada. Como en Carnaval, todo el mundo puede ser quien decida ser, al menos por un rato. Pero yo prefiero ser turista en mi propia ciudad y por eso os dejo aquí algunas claves por si venís a pasar un fin de semana a la brisa del Amblés.

La ciudad tiene un centro en el que se distinguen dos plazas: el Chico (Plaza del Mercado Chico), dentro de la muralla, donde está el Ayuntamiento y el mercado de los viernes, y el Grande (Plaza de Santa Teresa), justo delante de la muralla y donde se encuentra la iglesia de San Pedro. Entre ambas se encuentra el recorrido turístico principal, aunque también recomiendo subir a la muralla y visitar los palacios (muchos de ellos renovados convertidos ahora en edificios institucionales, de visita gratuita durante el día; otros, como el de Superunda, renovados para su visita –que deberá abonarse con una colección de cuadros; y otros aún privados, abandonados no abiertos al público, una lástima). La Catedral es de pago, pero por la calle San Segundo se puede acceder gratuitamente a una pequeña capilla de esta (la capilla de San Segundo) que merece la pena.

Si os gusta visitar museos, el Museo Provincial (Plaza Nalvillos, 1) es gratuito sábados y domingos y muestra cómo se vivía en otras épocas; el Convento de Santa Teresa (Plaza de la Santa) y el Museo Santa Teresa (Convento de la Encarnación) muestran cómo vivió la poeta y mística Teresa de Cepeda. El Monasterio Santo Tomás (Plaza de Granada, 1), un poco más lejos del centro, tiene un museo de arte oriental y en verano se organizan ciclos de conciertos al aire libre (a los que recomiendo llevarse una manta). También destaca la Ermita de Sonsoles (Carretera N-403), alejada de la ciudad, a la que se puede llegar dando un paseo con bonitas vistas al valle y en la que hay un cocodrilo disecado que siempre impresiona al que lo ve por primera vez. Las vistas desde allí también merecen la pena.

Por último, uno de mis paseos favoritos es el que va junto al río Adaja y que han arreglado hace unos años. Llegando a los Cuatro Postes, se puede bordear por un camino de tierra y llegar hasta la Presa Fuentes Claras, que tiene unas vistas preciosas en los días de nieve y en los atardeceres.

Los mejores miradores son los Cuatro Postes (esa vista de la muralla nevada que aparece en La sombra del ciprés es alargada, de Delibes) y el del Paseo del Rastro para ver el Valle Amblés y la sierra de Gredos al fondo.

Estos son mis sitios preferidos para ir de tapas, aunque hay muchísimos, muy baratos y las tapas son siempre gratis con cada consumición, así que merece la pena descubrirlos:

La casa de los quesos (Plaza Nalvillos, 2): gran variedad de tapas a base de distintos quesos, productos regionales y cervezas de todo tipo.

Dvinos (Av. Portugal, 24): la favorita de mis visitantes, por la original variedad de tapas a elegir.

Charlotte (Av. Portugal, 15): Versión castellana de los Cien Montaditos. Además tiene meriendas y desayunos.

El mundo es un pañuelo (C/Doctor Jesús Galán, 24): fuera del centro y diminuto, pero las tapas merecen la pena.

La Cigüeña (C/ Cristo de las Batallas, 10) en el barrio de la Estación de Renfe: cervezas importadas de otros países.

El tapeo de Mateo (C/Doctor Fleming, 5): tapas bastante generosas y variadas.

En general la calle San Segundo también es una buena opción, y si queréis probar algo típico os recomiendo las patatas revolconas, con mucho pimentón.

Mis sitios favoritos para comer, que en realidad son poco típicos de la provincia (yo no como carne, así que no os puedo recomendar lugares para comer un buen chuletón).

Soul Kitchen (C/Caballeros, 13): una propuesta nueva y muy agradable que, además de tener una carta de comida y vinos muy variada y asequible (aquí descubrí mi vino favorito, el Dulce Menade), ha acogido recitales de poesía y música. Una cara nueva que necesitaba Ávila.

La Escalera (C/Martín Carramolino, 4): restaurante portugués abierto hace sólo unos meses. Una grata sorpresa. Vino verde, mucho pescado y postres caseros.

Campanello (Plaza Corral de las Campanas s/n): el primer restaurante italiano de Ávila que ha sobrevivido al Telepizza (es verdad). Le han seguido otros dos, pero, personalmente, este es mi favorito.

Para tomar copas:

El Lienzo Norte (Av. de Madrid, 102): espacio chill-out con terraza en el palacio de congresos ideal para tomar una copa en verano por la noche. Aviso: ¡hace viento!

Caramel Lounge (C/San Segundo, 40): También lugar de tapas, propuesta que lleva un par de años funcionando. Los grupos de edades van de 30 en adelante.

El Deli (Delicatessen; Av. Portugal, 9): punto de encuentro de todas las edades y faunas nocturnas de la provincia; en verano abundan los llamados 'camisas de cuadros' (también conocidos como granjero-divorciado-busca-esposa) y en invierno los estudiantes de la Escuela de Policía y de la Escuela de Educación y Turismo de la Universidad de Salamanca (con sede en Ávila).

La gran manzana (Av. Portugal, 47): coctelería que lleva un par de años funcionando.

Para tomar café o dulce:

Vhola! (Plaza de Salamanca, 1 –centro– o Av. de Juan Pablo II, 2 –zona sur–): probablemente uno de los comercios abulenses con más éxito en los últimos años. Los helados están muy buenos, y en invierno hacen gofres, crepes, tés, cafés, etc., todo riquísimo.

La Fortaleza (C/ Reyes Católicos 13): para desayunar, tomar roscón el día de Reyes, tomar café... una buena opción en el centro.

La Flor de Castilla (Plaza José Tomé, 4, aunque también tiene cafetería en el Grande): tienda gourmet y cafetería donde se venden las famosas yemas de Santa Teresa (las auténticas) además de otros productos típicos como membrillo. Adicionalmente se encuentra el primer restaurante japonés de Ávila, Sushi Santa Teresa, un poco caro pero recomedable. Cierra tarde entre semana, cosa difícil de encontrar.

El Tostado (Plaza de la Catedral 10, entrando al Palacio de los Velada): cafetería "secreta" que me descubrió una amiga. Situada en un sótano/cueva, decorada con sofás y maderas y precios muy asequibles.

Otros de mis lugares favoritos son:

Librería Letras (Paseo de San Roque, 12): la única librería especializada en una literatura más alternativa (y local). Organizan presentaciones, venden fanzines y hacen talleres para jóvenes y adultos. Toda una aventura en esta ciudad.

Y por último, mi lugar favorito de Ávila probablemente sea la Biblioteca Pública (Plaza de la Catedral, 3), donde he pasado muchas horas de mi vida y donde se encuentra en su exterior el Episcopio, donde se realizan recitales y obras de teatro en verano. Espero que podáis encontrar algo bello que llevaros cuando vengáis aquí.

3 comentarios:

  1. Las fotos NO son de la fábrica aludida e el texto. Son de otra.
    El gentilicio abulense vale tanto como avilés/sa

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  2. Es cierto, son de la hidroeléctrica. Las confundí. Problema arreglado. Y sí, avilés también es correcto, gracias.

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  3. Avilés es bonito pero dan ganas de descubrir los bajos fondos avileses

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